Con esto no queremos decir que todos trabajemos como intérpretes, sino que constantemente estamos interpretando lo que otras personas dicen. Interpretamos el significado de las palabras que escuchamos y la intención del hablante; prestamos atención al tono de voz; determinamos cómo las circunstancias que rodean un intercambio afectan nuestra comprensión de las palabras; detectamos cualquier significado oculto como resultado de nuestra relación, nuestro conocimiento de la persona y su trasfondo cultural y sus expectativas. Permítanos darle un ejemplo.
Una madre está bañando a su bebé cuando suena el timbre. Su esposo está en la sala viendo televisión, pero no abre la puerta. Vuelve a sonar y ella grita: "¡Estoy bañando al bebé!" El mensaje factual de que ella está bañando al bebé es perfectamente claro para cualquier persona con un conocimiento mínimo del idioma.
Pero ¿qué hay del mensaje implícito? ¿Podría ser: "Estoy ocupada, ¿podrías abrir la puerta, por favor?" ¿Hay también un trasfondo emocional o una queja implícita, como: "Creo que es razonable esperar que, dado que estoy ocupada con nuestro bebé, lo mínimo que podrías hacer en lugar de ver televisión es abrir la puerta!" Todo depende del tono de voz empleado, la experiencia previa en la relación o el hecho de que la madre pueda estar sintiéndose cansada. Probablemente haya muchas otras señales en las que nos apoyamos para entender lo que las personas realmente están diciendo. Así que el esposo no solo comprenderá los hechos, sino que también captará el mensaje de que su esposa quisiera que abriera la puerta y, además, que probablemente no está muy contenta de que no lo haya hecho la primera vez que sonó el timbre.
Así, sin darnos cuenta, todos interpretamos intercambios personales todos los días. Como intérpretes profesionales, generalmente no tratamos con intercambios personales como en el ejemplo, pero siempre estamos leyendo entre líneas en distintos niveles de comunicación interpersonal, a veces entre profesionales, o entre agricultores de subsistencia y políticos o diplomáticos.
El denominador común en estos intercambios de un idioma a otro es que los participantes tendrán trasfondos culturales diferentes, por lo que los supuestos que hará un agricultor de Escandinavia serán muy distintos de los que hará un agricultor de subsistencia de Guatemala. De alguna manera, el intérprete debe salvar esa brecha. Es todo un desafío, por supuesto, pero le brinda una perspectiva fascinante sobre el lenguaje, la naturaleza humana y las diferencias culturales.