No existe tal cosa como una Real Academia del Inglés. Lo más cercano a una autoridad central sobre el idioma serían los diccionarios y libros de gramática, pero estos describen cómo se usan las palabras, no cómo deberían usarse. ¿Necesita entonces el inglés una Real Academia como la Real Academia Española?
La Real Academia Española, fundada en 1713, publica cada año un compendio para que todos sepan qué palabras son oficialmente aceptadas como parte del idioma español. Además de publicar diccionarios, la RAE funciona como uno de los reguladores más influyentes del español a nivel mundial. Realiza esta labor en colaboración con las otras 21 academias nacionales que forman parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española.
El español no es el único idioma que cuenta con un organismo rector del lenguaje. Muchos otros idiomas también lo tienen, como el italiano (la Accademia della Crusca, fundada en 1582) y el francés (la Académie Française, que data de 1635). Estos grupos se reúnen cada año con un representante de cada país donde se habla dicho idioma.
En 2010, la Queen's English Society anunció que había creado una Academia del Inglés, un sitio web de referencia lingüística. El fundador de la academia fue citado diciendo: "En este momento, todo vale. Establezcamos un estándar claro de lo que es un inglés bueno, correcto y apropiado. Creemos un organismo que emita juicios al respecto."
Las reacciones fueron mixtas. Algunos celebraron el esfuerzo por considerarlo "largamente esperado. [...] El inglés ha sido dejado a su suerte en un momento en que está bajo un ataque sin precedentes" (Gerald Warner, Daily Telegraph, Education, 8 de junio de 2010).
Otros, como David Mitchell, en un artículo publicado en The Observer (13 de junio de 2010), expresaron opiniones distintas: "¿Con qué autoridad emitirían sus juicios? ¿Dónde está la evidencia de que encadenar nuestro idioma al uso pasado sea útil o necesario?"
No contar con un organismo regulador permite que el inglés sea dinámico, creciendo y evolucionando de forma natural. Dado que en cualquier caso es una mezcla del anglosajón, el francés, el latín, el griego y muchos otros idiomas, la regulación simplemente sofocaría su desarrollo y flexibilidad.
En inglés se parte del supuesto de que las diferencias serán resueltas por los propios usuarios del idioma y que los diccionarios, las guías de estilo y los libros de gramática reflejarán el uso convencional. Para el español y muchos otros idiomas, se considera necesario contar con un organismo regulador central que establezca criterios de uso, como la aceptabilidad de palabras, la ortografía y la gramática.